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martes, 30 de marzo de 2010

Carta 4


25 de octubre

Querido Papaíto-Piernas-Largas:

He sido admitida en el equipo de básquet y debería haber visto el moretón que me hice en el hombro izquierdo. Azul y caoba, con pequeñas vetas anaranjadas. Julia Pendleton trató de entrar y no la aceptaron. ¡Hurra!

¡Ya ve usted qué alma mezquina la mía!

El colegio se está poniendo cada vez mejor. Me gustan las chicas, los maestros, las clases, los parques y la comida. Nos dan helado dos veces por semana y nunca, nunca, pastel de maíz.

Usted quería que le escribiera una vez por mes, ¿no es así? ¡Y aquí me tiene, acribillándolo a cartas cada tres o cuatro días! Pero estoy tan emocionada con tantas novedades y aventuras, que tengo por fuerza que hablar con alguien y usted es la única persona que conozco. Por favor, perdóneme si me exalto. Ya me voy a serenar dentro de muy poco. Si mis cartas lo aburren, siempre le queda el recurso de tirarlas al cesto de papeles.

Le prometo que no le voy a escribir otra carta hasta mediados de noviembre.

Su siempre locuaz

Judy Abbott

lunes, 1 de febrero de 2010

Carta 3


10 de octubre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:

¿Ha oído hablar alguna vez de Miguel Ángel?
Fue un artista famoso que vivió en Italia durante el Renacimiento. Todas mis compañeras del curso de literatura inglesa parecían estar bien enteradas y la clase entera se divirtió en grande porque yo creía que era un arcángel. ¿Pero acaso no es cierto que el nombre suena como el de un arcángel? Lo malo de la universidad es que todo el mundo da por sentado que uno sabe cosas de las que no ha oído hablar en la vida. Eso me suele poner en aprietos, pero ya aprendí: lo que debo hacer cuando las chicas hablan de algo que no sé es quedarme muy calladita y buscarlo después en la enciclopedia.
El primer día metí la pata de una manera horrorosa. Alguien habló de Maurice Maeterlinck y yo pregunté si era estudiante de primer año. El chiste ya corrió por todo el colegio. Pero no me importa nada, porque me considero tan inteligente como cualquiera de las chicas y más que algunas.¿Le interesa saber cómo amueblé mi cuarto? Es toda una sinfonía en marrón y amarillo. Como las paredes estaban pintadas de color gamuza, compré cortinas y almohadones amarillos de sarga y un escritorio de caoba (de segunda mano, por tres dólares), un sillón de mimbre y una alfombra marrón con una mancha de tinta en el medio. Pongo el sillón tapando la mancha y todo queda precioso.
Las ventanas son muy altas, de modo que no se puede mirar hacia afuera desde un asiento común. Entonces se me ocurrió desatornillar el espejo de la cómoda, después tapicé la parte de arriba y la aseguré a la pared justo como para un asiento de ventana. Sacando los cajones de la cómoda se forman escalones, y se puede subir con facilidad hasta el asiento y mirar para afuera... ¡Fantástico!Sallie McBride me ayudó a elegir todo en el remate que las seniors acostumbran a hacer cuando terminan sus estudios. Sallie vivió toda su vida en una casa y sabe mucho de muebles y decoración. No se imagina usted el placer que siento haciendo compras, pagando con un verdadero billete de cinco dólares y recibiendo el vuelto, yo, que no he tenido en mi vida más que unos centavos en el bolsillo del delantal. Le aseguro, Papaíto querido, que valoro como es debido esa mensualidad que me asigna.
Sallie es la persona más entretenida del mundo y Julia Rutledge Pendleton la más aburrida. Es extraño los errores que puede cometer la empleada de inscripciones en materia de compañeras de habitación. A Sallie todo le parece divertido, hasta los bochazos o los ceros, y a Julia todo le aburre. Nunca hace el esfuerzo por ser amable. Cree que el solo hecho de ser una Pendleton le asegura la admisión en el cielo sin examen previo. Julia y yo nacimos para ser enemigas.
Supongo que ya estará usted impaciente por saber lo que estoy estudiando, ¿eh? Bueno, ahí va:
I. Latín: Segunda Guerra Púnica. Anoche, Aníbal y sus huestes montaron campamento en el Lago Trasimeno. Prepararon una emboscada a los romanos y la batalla tuvo lugar a la cuarta hora de esta mañana. Los romanos, en retirada.
II. Francés: Veinticuatro páginas de Los tres mosqueteros y los verbos irregulares de la tercera conjugación.
III. Geometría: Hemos terminado con los cilindros y ahora estamos estudiando los conos.
IV. Inglés: Estudiamos el arte de la exposición. Mi estilo mejora día a día en claridad y concisión.
V. Fisiología: Estamos con el sistema digestivo. La próxima vez, bilis y páncreas.

Suya, en vías de adquirir una educación,
Jerusha Abbott
P. D. Espero que no toque nunca el alcohol, ¿eh, Papaíto? Hay que ver las cosas que le puede hacer a su hígado...


Miércoles
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Me cambié de nombre.
Sigo figurando como "Jerusha" en el registro, pero soy "Judy" para todo lo demás. ¡Es demasiado tener que renunciar a guardarse para sí el único sobrenombre que una tuvo jamás! Claro que lo de Judy no fue invento mío, sino que así me llamaba Freddy Perkins antes de aprender a hablar bien.
Ojalá la señora Lippett tuviera más ingenio en materia de nombres para los bebés que llegan al asilo. Los apellidos los saca de la guía del teléfono (encontrará usted Abbott en la primera página); los nombres de pila los saca de cualquier parte. Jerusha lo tomó de una lápida del cementerio. Siempre odié ese nombre, pero Judy me gusta. ¡Es un nombre tan tonto! Corresponde a la clase de chica que yo precisamente no soy: una criaturita dulce, de ojos azules, mimada por toda la familia, que pasa por la vida jugando sin ninguna preocupación. ¡Qué lindo si una fuera así!... Cualquiera sea el defecto que se me pueda encontrar, ¡nadie podrá acusarme nunca de haber sido mimada por mi familia! Pero es divertido fingir que lo fui, de modo que, de ahora en adelante, le ruego llamarme Judy.¿Quiere que le diga una cosa? ¡Tengo tres pares de guantes de cabritilla! He tenido mitones antes, que me ponían en el árbol de Navidad, pero nunca guantes de verdad, con cinco dedos en cada mano. A cada rato me los pruebo y me los vuelvo a quitar.
Es lo único que puedo hacer... ¡como no sea usarlos para ir a clase!
Ahí suena la campana de la hora de acostarse. Adiós.

Viernes

¿Qué le parece, Papaíto? La profesora de inglés opina que mi última composición acusa "un poco común nivel de originalidad".Le aseguro que ésas fueron sus palabras textuales. Parece imposible, ¿verdad?, teniendo en cuenta mi formación de estos dieciocho años, ya que el objetivo


del asilo John Grier (como sin duda usted lo sabe y lo aprueba) es convertir a sus noventa y siete huérfanos en otros tantos gemelos.
En cuanto al talento artístico que despliego ante sus ojos, Papaíto, debe de haberse desarrollado en mi tierna infancia a fuerza de hacer con tiza caricaturas de la señora Lippett en la puerta de la leñera.
Espero que no se sienta ofendido cuando critico así el hogar de mi infancia, por favor. Pero usted tiene la sartén por el mango y, si me pongo demasiado impertinente, siempre puede interrumpir el envío de sus cheques. Esto no es muy cortés de mi parte, pero no puede usted esperar que tenga buenos modales, puesto que, como bien sabe, un asilo de huérfanos no es precisamente una escuela de señoritas.
Hablando de otra cosa, Papaíto, creo que no va a ser el estudio lo que me haga difícil la universidad, sino los recreos. La mitad del tiempo no sé de qué hablan las otras chicas. Todas sus bromas y chistes parecen referirse a un pasado que han compartido todas menos yo. Soy una extranjera en el mundo y no entiendo el idioma que se habla. Es una sensación penosa... y la he sentido toda mi vida. En la escuela secundaria del pueblo las chicas iban en grupos y me miraban. Me encontraban distinta, les parecía rara y todas tenían conciencia de ello. Yo me sentía como si las palabras "Asilo John Grier" hubieran estado escritas en mi cara. De pronto algunas almas caritativas se sentían obligadas a acercarse y decirme algo amable. Las odiaba a todas, se lo aseguro. A las caritativas más que a ninguna.
Aquí nadie sabe que me crié en un asilo. A Sallie le dije que mis padres habían muerto y que un anciano y bondadoso caballero me costeaba los estudios. Todo lo cual es estrictamente exacto. No quisiera que pensara usted que soy cobarde, pero de veras quiero aparecer igual a las otras chicas, y el Terrible Asilo se aparece amenazador en mi pasado es justamente la gran diferencia entre ellas y yo. Si yo fuera capaz de volver la espalda a ese hecho y borrar su recuerdo, creo que me convertiría en un elemento deseable del colegio, por lo menos tan deseable como el resto de las chicas. No creo que en el fondo haya ninguna gran diferencia... ¿A usted qué le parece? Sea como fuere, a Sallie McBride le gusto.
Siempre suya
Judy Abbot
(antes Jerusha)

Sábado por la mañana

Releí esta carta y no la encuentro muy alegre que digamos. ¿Fue usted capaz de adivinar que tengo un monografía especial que entregar el lunes por 1 mañana, sin contar un parcial de geometría y un resfrío con estornudos que no paran?


Domingo

Como ayer me olvidé de echar esta carta al correo puedo agregar una posdata llena de indignación. Esta mañana oímos en la capilla el sermón de un obispo y... ¿qué cree usted que nos dijo?
"La promesa más beneficiosa que nos hace la Biblia es la siguiente: Los pobres están siempre con nosotros. Fueron puestos en el mundo a fin de que nos mantengamos caritativos."
Hablando de pobres, véame usted como una especie útil de animal doméstico. Si últimamente no me hubiera convertido en una señorita tan bien educada, me habría acercado a él después de terminar el servicio religioso y le habría dicho bien claro mi opinión.

viernes, 31 de julio de 2009

Carta 2

1 ° de octubre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:

Adoro la universidad y lo adoro a usted por haberme mandado aquí. Estoy muy, pero muy feliz y casi no puedo dormir de tanta excitación que reina en cada momento de la vida universitaria. No puede usted imaginarse la diferencia entre esto y el asilo John Grier. En mi vida soñé que existiese en el mundo un lugar como éste. Siento compasión por cualquiera que no sea una chica y por lo tanto se vea impedido de venir aquí. Seguro que no era tan precioso el colegio a donde fue usted de chico.
Mi cuarto está en una torre que era el pabellón de enfermos contagiosos antes de que se construyera la enfermería nueva. En el mismo piso hay sólo tres chicas más: una sénior (son las estudiantes de cuarto año) que usa anteojos y se pasa la vida pidiéndonos por favor que hagamos un poco menos de barullo, y dos freshmen (estudiantes de primer año) de nombres Sallie McBride y Julia Rutledge Pendleton. Sallie es pelirroja, de nariz respingada y simpatiquísima; Julia pertenece a una de las principales familias de Nueva York y todavía no se ha dignado mirarme siquiera. Las dos comparten el cuarto y la sénior y yo tenemos cuartos solas. No es frecuente que las freshmen consigan cuartos individuales, pero yo lo logré sin solicitarlo siquiera. Supongo que a la empleada encargada de la inscripción no le pareció indicado que una chica criada normalmente compartiese la habitación con una expósita. ¿Ve usted cómo rodo en este mundo tiene sus compensaciones?
Mi cuarto queda en la esquina noroeste y tiene dos ventanas con una magnífica vista. Cuando se ha vivido durante dieciocho años en un pabellón compartido con veinte compañeras, estar sola resulta muy descansado. Le aseguro que ésta es la primera oportunidad que se me ofrece de trabar conocimiento con Jerusha Abbott. Me parece que me va a gustar... ;Y a usted?


Martes


Están organizando el equipo de básquet y tengo alguna chance de que me incluyan en él. Soy chiquita, es verdad, pero muy rápida y fuerte, y movediza como una ardilla. Mientras las demás jugadoras se quedan saltando por el aire, yo me escurro por debajo de sus pies y me apodero de la pelota. ¡Y cuánto disfruto con los entrenamientos!... El campo de deportes, por las tardes, es una pintura, con sus árboles de otoño de tonos rojizos y amarillos y el aire impregnado del olor a hojas quemadas. Y todo el mundo riendo y gritando. Estas chicas son las más alegres y felices que he visto en mi vida... ¡y yo, la más feliz de todas! Pensaba escribirle largo y tendido y contarle de todas las cosas que estoy aprendiendo (la señora Lippett me dijo que usted quiere saberlas), pero ya sonó la campana de la séptima hora y en diez minutos tengo que presentarme en la cancha de básquet con ropa de gimnasia... ¿Verdad que usted desea que me incluyan en el equipo?
Suya, como siempre, Jerusha Abbott



P. D. (9 de la noche).
Sallie McBride acaba de asomar la cabeza a mi puerta y ¿sabe usted qué me dijo?
Pues lo siguiente: "Extraño tanto mi casa que no lo puedo soportar. ¿No te pasa lo mismo?".
Yo le sonreí y le dije que no, que no extrañaba tanto, que creía poder tolerarlo. ¡He aquí una enfermedad que me he ahorrado: la nostalgia! No me dirá usted que alguien tuvo alguna vez nostalgia de un asilo, ¿verdad que no?

sábado, 25 de julio de 2009

Carta 1

LAS CARTAS DE JERUSHA ABBOTT
AL SEÑOR PAPAÍTO - PIERNAS - LARGAS SMITH

Fergussen Hall 215

24 de septiembre

Querido y bondadoso síndico que manda huérfanos a la universidad:

¡Aquí estoy, por fin! Ayer viajé cuatro horas en tren. ¿No es una sensación curiosísima? Era la primera vez que me subía a uno.

En cuanto a la universidad, es el sitio más enorme y desconcertante que haya soñado jamás. Me pierdo cada vez que salgo de mi cuarto. Más adelante, cuando esté menos confundida, le enviaré una descripción completa. También le contaré de las clases, que no empiezan sino hasta el lunes por la mañana y ahora estamos a sábado por la noche. Sólo quería escribirle una carta en seguida para trabar conocimiento con usted.

Produce una sensación muy rara escribir a alguien a quien no se conoce. Me parece raro, de todos modos, estar escribiendo una carta, ya que en toda mi vida no he escrito más de tres o cuatro. Le ruego, pues, que perdone si las que le envío no son precisamente un modelo de estilo.

Ayer a la mañana, antes de partir, la señora Lippett mantuvo conmigo una conversación muy seria. Me indicó cómo debía portarme por todo el resto de mi vida y sobre todo cómo portarme con el bondadoso caballero que tanto hace por mí. O sea que tengo que ser "sumamente respetuosa".

¿Pero cómo diablos sentirse respetuosa con una persona que quiere que la llamen John Smith? ¿Por qué no habrá elegido un nombre con un poquitito más de personalidad? Tanto valdría escribirle al "Querido Poste del Telégrafo" o al "Querido Buzón de la Esquina".

Todo el verano pensé mucho en usted. Tener alguien que se interese por mí me hace sentir casi como si hubiera encontrado una especie de familia, como si ahora perteneciera a alguien. Y le aseguro que me resulta una sensación muy reconfortante. Debo confesar, sin embargo, que cuando pienso en usted, cuento con muy poco material que mi imaginación pueda elaborar. Hay sólo tres cosas que sé con certeza:

I. Usted es alto.

II. Usted es rico.

III. Usted odia a las chicas.

Podría llamarlo "Querido Odiador de Chicas", sólo que eso resultaría insultante para mí. O "Querido Sr. Rico", lo cual sería insultante para usted, como si ser rico fuera su única cualidad importante. Además, ser rico es una contingencia puramente exterior. Podría suceder que no siga usted siendo rico toda su vida. Muchos hombres muy inteligentes se arruinan todos los días en la Bolsa. Pero que es alto... sí, eso seguirá siéndolo toda la vida. De modo que he decidido llamarlo "Querido Papaíto-Piernas-Largas". Espero que no tenga usted inconveniente. Será un sobrenombre particular y quedará entre nosotros. No le diremos nada a la señora Lippett.

En dos minutos va a sonar la campana de las diez. Nuestra jornada está dividida en secciones por medio de campanadas. Comemos, dormimos y estudiamos al son de las campanas. Resulta muy estimulante. Me hace sentir todo el tiempo como un caballo de bomberos. ¡Ahí sonó la campana! Hay que apagar las luces... ¡Buenas noches!

Le ruego observe con qué precisión obedezco los reglamentos. Eso se debe a mi formación en el asilo John Grier.

Suya, muy respetuosamente,

Jerusha Abbott