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jueves, 4 de septiembre de 2008

TOC - TOC....

Hay quienes dicen que cuando las conductas repetitivas son inevitables y ocupan una parte importante del tiempo diario, la consulta no debería hacerse esperar.

Para saber si salir de la cama para chequear que el gas esté cerrado, controlar la cerradura varias veces antes de abandonar la casa o lavarse las manos varias veces al día (entre otras tantas conductas) es preocupante, Infobae.com consultó a Gustavo Bustamante, doctor en Psicología y vicepresidente de la Fundación Fobia Club.

¿Qué es el TOC?
El TOC o Trastorno Obsesivo-Compulsivo, es uno de los trastornos de ansiedad.

Es una enfermedad en que el individuo que la padece, es avasallado por pensamientos angustiantes, violentos y hace rituales para evitarlos. Es decir, es un estado de ansiedad que interfiere en el funcionamiento cotidiano de las personas que lo padecen y en casos extremos, limitan su capacidad para relacionarse socialmente (entorno escolar, laboral o familiar)

El individuo que padece TOC habitualmente se enfrasca en una serie de pensamientos y conductas repetitivos que carecen de sentido, son angustiantes y difíciles de vencer. Generalmente a estas personas se las suele confundir con "maniacas" (guardan objetos innecesarios, pasan horas acomodando el placard, etc.) desconociendo que estas actitudes repetitivas y absurdas son las que nos indican que la persona que la realiza está sufriendo una obsesión.

Se puede presentar en forma leve, moderada o severa.

¿Cuáles son las causas? ¿Es hereditario?
El TOC, no tiene una causa específica, pero se han estudiado factores que están íntimamente relacionados con su desarrollo, como lo demuestran estudios científicos realizados últimamente, los cuales hallaron una fuerte correlación, como el funcionamiento anormal en determinadas áreas del cerebro, en particular de una sustancia llamada serotonina, y con probables alteraciones genéticas.

En estudios realizados en los Estados Unidos se calcula que el 2% de la población en general padece de TOC, se da por igual en mujeres y hombres y afecta a cualquier raza.

Con respecto a las causas, puedo decir que hay una participación genética, como también la influencia de otros factores (neurológicos, psicológicos y sociales), aunque aun no hay conclusiones determinantes sobre el origen especifico.

Según la Asociación Americana de Desórdenes de la Ansiedad, al TOC -llamado antiguamente "locura razonante" porque los enfermos se dan cuenta de lo que les pasa pero no lo pueden evitar- lo padecen una de cada 50 personas adultas y uno de cada 200 chicos.

Puede aparecer en la infancia, aunque la persona obsesiva compulsiva -o su familiar- suelen demorar hasta siete años en recurrir a un especialista.

Para que surja son necesarias una carga genética, una lesión física como haber sufrido meningitis o tener padres con TOC.

¿Cuál es la diferencia entre un comportamiento altamente cuidadoso o meticuloso y un trastorno obsesivo-compulsivo?
Los trastornos compulsivos se caracterizan por la creciente necesidad de evitar el daño y rehuir al riesgo. Es casi una regla que haya ansiedad anticipatoria (es decir, angustia por algo que no ha ocurrido), actitudes perfeccionistas, dudas constantes y sentimientos de culpa.

Cuando hablamos de obsesiones nos referimos a pensamientos, imágenes o impulsos que las personas perciben, que carecen de sentido y que son producto de la propia mente, es decir son intrusivos.

Tales manías son molestas y generan mucha ansiedad, por lo que los pacientes hacen intentos por eliminarlas; sin embargo suelen incrementarse y generar mayor ansiedad.

Aparecen formas de conductas repetitivas, que se realizan rigurosamente, necesarias para prevenir o evitar la intranquilidad que pueden generar las obsesiones.

El individuo reconoce lo absurdo de su conducta, situación que no le causa placer pero que sí le proporciona alivio.

Específicamente, la diferencia entre un comportamiento altamente cuidadoso o meticuloso y un trastorno obsesivo compulsivo, es el tiempo que le dedican a cada cuestión. O sea, hablamos de TOC cuando por lo menos tienen un ritual que les conlleva una hora.

¿Hasta cuántos hábitos (ordenar la heladera siempre igual, revisar la llave cada vez que salimos de casa, cuidar extremadamente la limpieza, etc) puede hablarse de normalidad? ¿Cuándo las conductas repetitivas son preocupantes?
La persona con TOC cree que si no concreta el ritual, se va a desencadenar un hecho trágico.

Claro que esos rasgos deben persistir durante mucho tiempo para considerarse una enfermedad. Y en el caso de los chicos, esos rasgos no deben confundirse con la necesidad de repetición que forma parte de su proceso de aprendizaje.

El obsesivo compulsivo sabe qué le pasa, se siente ridículo y hasta humillado por lo que le sucede.

Cuando las obsesiones y compulsiones no son pasajeras e interfieren en un normal desarrollo de la vida conviene consultar a un especialista.

¿Qué debe hacer una persona que se "descubre" teniendo pensamientos o costumbres obsesivos?
La dificultad de su diagnóstico se debe a que en la mayoría de los casos quien padece esta afección lo vive en silencio, con prejuicio y vergüenza, confundiéndolo con una mala costumbre, una "manía".

El "yo soy así", justifica un cuadro que persiste a veces durante años, disminuyendo notoriamente la calidad de vida porque provoca interminables rituales para controlar la situación (tales como lavarse las manos con excesiva frecuencia, bañarse varias veces por día en forma meticulosa o empleando enorme cantidad de tiempo, ordenar la ropa en forma exageradamente prolija y de una forma determinada).

Resulta imposible describir todas las variantes y acciones, pero en general tienen una característica común: son ideas, pensamientos o compulsiones de realizar acciones determinadas que se imponen a pesar de ser reconocidas como ilógicas o absurdas, ya que de otra forma sobreviene una sensación de angustia y temor de que algo malo vaya a ocurrir.

En otros casos el fenómeno se inclina hacia lo compulsivo: la persona ve una tijera o vidrios rotos y teme sufrir el impulso de clavárselo a un ser querido; o siente la compulsión de robar un objeto o de realizar un acto cualquiera como dar un beso o realizar una maniobra absurda.

¿De qué manera el trastorno llega a interferir en la vida cotidiana?
El cuadro tiende a cronificarse determinando después de algunos años episodios depresivos secundarios generalmente severos y con alto riesgo de suicidio.

Esto indica claramente una enorme tendencia al ocultamiento o desconocimiento del tema por parte de los pacientes y de los médicos peor aún considerando que los nuevos tratamientos producen notable alivio sobre los síntomas, restableciendo la capacidad laboral del paciente.

¿En qué consiste el tratamiento? ¿Tiene cura?
Para un buen tratamiento siempre tenemos que partir de un buen diagnóstico, que puede ser desde un examen clínico, la realización de una batería de test psicológicos y mapeo cerebral, los cuales nos arrojan el grado de severidad de las obsesiones y compulsiones

Lo importante es que existen alternativas eficaces -la psicoterapia y en algunos casos la medicación- que permiten reducir las obsesiones, las compulsiones y mejorar la calidad de vida. Para lograrlo, quien padece estas conductas o pensamientos no debe ocultar su problema. Siempre, lo más conveniente, es pedir ayuda profesional.

La modalidad terapéutica actual es combinar psicofármacos, con psicoterapia. Al tratamiento con medicamentos, nosotros le sumamos la terapia cognitiva comportamental. Creemos que el trabajo en grupo es muy eficaz porque genera esperanza, la idea de que no se está solo y un mecanismo de identificación que genera una competitividad sana.

La terapia cognitiva trabaja sobre el modelo del procesamiento de la información. Lleva gradualmente al paciente a que enfrente la situación que teme evitando el ritual compulsivo para que desconfirme su idea rara. Es limitada en el tiempo y centrada en el aquí y el ahora del paciente con un programa de tareas para realizar en su entorno habitual.

http://ar.news.yahoo.com/s/29082008/43/n-health-rituales-diarios-vuelven-obsesi-xf3-n.html


martes, 22 de julio de 2008

Acta revisionista NUMERO TRES

(Rescate emotivo y pobre de las cenizas de Chi Amos, as Referendum FUNDACIONAL***)


Volvamos.

Volvamos en el tiempo y el espacio. A donde sea el big bang se nos ha originado.

Remontemos. Ahondemos. Remitamos. Llevemos adelante la retrospectiva.

De la vida.

Cuestión de tiempo caer en la coaliciones cósmicas que dictaminaron nuestro destino.

Cuestión de espacio caer en donde hemos caído. Fortuitamente? Obra del destino?

Volvamos a ese lugar que alguna vez nos hizo felices.

A la libertad de un día de lluvia. Uno solo. Sabiendo que al siguiente sale el sol.

A la endereza de una noche ardua de tragar conocimientos.

Creamos que si todo es posible. Creamos en lo que sea necesario.

Ahoguemos todo aquello que dificulta la escalada.

Pisoteemos las viejas estampas.

Aprendamos de una vez lo relativo de estar vivo.

Si estar vivo es sufrir. Pues deleitémonos en su amargura.

Si estar vivo es sentir. Propongo la carencia de razonamientos. Sentirlo.

Hagamos un viaje en la memoria.

Lo suficientemente corto y preciso como para no acortar el resto del viaje.

Memoria incoherente y necia, reactiva y caprichosa. Infinita. Asqueadora.

Memoria, vil memoria.

Tomemos un instante para la concepción y engendro de ideas que cambien el mundo.

Hagamos odas de utopías.

Eventualmente (siempre eventualmente) una utopía es una realidad latente.

Una realidad… por consiguiente… una utopía con pelotas.

Volvamos a ser niños otra vez. (si es que a caso han dejado de serlo, no es mi caso).

Volvamos a creer en lo insuperable de las posibilidades.

Lo sencillo de la visión por debajo del 1.20 mts de altura.

Creamos. Pidamos lo ilógico, descabellado e imposible.

Porque es posible.

Ser.

Volvamos a cero. Lugar donde todo puede comenzar a girar una vez más.

Porque es posible. Volver.

Reencontrarse.

Ser.

Creer.

Arriesgar.

VIVIR.

Volvamos. Vivamos.

Esta, es la única manera de que valga la pena.

Mañana, siempre mañana (o pasado) se puede pedir perdón por el error cometido.

Prefiero el perdón a la inacción.

Prefiero el dolor a la apatía. Al no sentido.

Prefiero el temor al conformismo.

Prefiero ser niño por siempre.

Adultos muertos en vida ya hay demasiados.

Rechazo de plano volverme uno de ellos.

Vuelvo a mis principios madre, y digo.

Me cago en lo correcto y aceptado. Me cago en Andy Warhol.

Me cago en lo que se quiera conjeturar. Sobre el concepto de ensueño y delirio.

YO. Cargo con la vuelta, y también con la otra mitad si hace falta.

VOS. Tenés la maravillosa oportunidad de ser VOS.

Suena tan estúpido……………….. “A por ello”………

Pero digo.

A por ello.





Todo en la vida se trata de nada. y algunos momentos efimeros de todo.

no mas por hoy.

Acta revisionista NUMERO DOS

(Rescate emotivo y pobre de las cenizas de Chi Amos, as Referendum)



aprenda joven argentin@ o del mundo entero....... sino la Iglesia se queda sin agenda de protocolo matrimonial para los fines de semana................ por lo que me dio la impresión.


1.Aprender a discutir


A pesar de la ayuda que pudieran prestar las mejores reglas, y a pesar sobre todo del cariño e ilusión crecientes que se pongan en evitarlos, es natural que en la vida de un matrimonio existan discusiones, momentos de tensión, diferencias de opiniones y de gustos.

Por lo demás, a pelearse se va uno entrenando un poco ya desde el noviazgo. No hay, pues, que asustarse demasiado ni intentar evitar a toda costa las discusiones, reprimiendo emociones y sentimientos.

En ocasiones es bueno desfogarse. Pero resulta imprescindible aprender a discutir.

Diez consejos básicos



Doy por eso algún consejo deportivo al respecto o, si se prefiere, «El decálogo del buen discutidor»:


1)Y si hubieras obrado de este modo, ten la honradez de volver, pasados los momentos de enfado, y replantear el asunto hasta alcanzar el acuerdo deseable.


2) Ten la disposición habitual de reconocer tus defectos y errores… y amar e incluso llegar a «sentir ternura» por los de tu cónyuge. Son signos de grandeza de ánimo.


3) Si adviertes que has dicho algo no objetivo o injusto, retíralo de inmediato lealmente, pidiendo perdón si es necesario (es decir: casi siempre).


4) Evita agresivas y descalificadoras ofensas personales y actitudes irónicas o despreciativas.


5) Presta atención para no proyectar inconscientemente en el otro la razón de tu malhumor.


Más vale «desaparecer de la escena» por algún tiempo que descargar sobre el cónyuge o sobre los hijos una tensión de la que ellos no tienen responsabilidad.

6) No levantes acta de las culpas de tu pareja ni te empeñes en seguir echándole en cara cosas ya pasadas: menos cuanto más graves o dolorosas hayan podido ser.


No devuelvas jamás a tu cónyuge al pasado: no tienes derecho (con el «sí» que le otorgaste en el matrimonio redimiste todos y cada uno de sus errores pretéritos).


Intenta vivir en el presente y mirar hacia adelante.


7) Esfuérzate por comprender, si es el caso, que la rabieta del otro está surgiendo de una momentánea necesidad de desahogo.


8) Permite al cónyuge llegar hasta el final en la exposición de su malestar, intentando por todos los medios comprender su punto de vista; a menudo le bastará esa posibilidad amable de desfogue para calmarse en un 50%.


9) Procura exponer tus razones de forma clara y breve, con la máxima calma posible y, si eres capaz, con un tanto de humor (que equivale a saberte reír de ti mismo, a no tomarte demasiado en serio), pero jamás con ironía.


10) Conseguid, como ya se ha sugerido, que incluso las discusiones más violentas acaben con un gesto de reconciliación; de esta suerte, hasta las propias disputas formarán parte del humus sobre el que crece el amor conyugal.


Tal como explica José Pedro Manglano, «todo lo que constituye la vida normal puede ser alimento bueno» para el amor. «Todo: lo positivo y lo negativo». El buen amor «se alimenta de palabras, de compras, de necesidades, de ver la tele, de ir al médico, de paseos… Del mismo modo que se alimenta de discusiones, de aburrimiento, de malentendidos, de fallos propios, de fallos del otro, de manías y de preferencias. Podríamos decir que el amor dispone de un aparato metabólico que es capaz de convertir en alimento incluso lo que de por sí es nocivo: la traición, el olvido, el desamor».

Acta revisionista NUMERO UNO

(Rescate emotivo y pobre de las cenizas de Chi Amos, as Referendum)


Narcisismo

Dr. Gonzalo Himiob

En el mito de Ovidio sobre Narciso leemos, que el dios-rio Cefiso, después de raptar y violar a la náyade Liriope, engendra en ella a un joven de esplendida belleza, a quien dan por nombre Narciso. Preguntado Tiresias, el sabio capaz de predecir el futuro, sobre si el recién nacido tendría una larga vida, contesta cripticamente "Si, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo." La tragedia se comienza a gestar desde la concepción del niño Narciso, él es producto de la violencia sexual. A lo largo de su vida, Narciso, va a provocar en hombres y mujeres, mortales y dioses, grandes pasiones, a las cuales no responde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro. Es por casualidad como ocurren las cosas trascendentes con frecuencia--y tentado por Afrodita, que el joven contempla su imagen en un espejo de agua, siente la fascinación del amor, amor por sí mismo que lo paraliza e incapacita para la vida y para amar a otros. Se encanta Narciso con su belleza y desprecia cualquier ser que lo pueda bien-amar, como es el caso de la ninfa Eco, cuyo cuerpo se consume de melancolía, quedando de ella solo una voz sin forma que repite, en la lejanía, la última frase o sílaba que se pronuncie. ¿Será este el destino que aguarda a los seres, y pueblos, que se prendan de los seres infatuados en su propia grandiosidad? ¿Será que su destino es el venir a ser de voces incorporeas, repetitivas?


En psiquiatría llamamos Narcisismo a una forma de estructuración de la personalidad, y a una etapa del desarrollo del ser humano. Distinguen los psicoanalistas dos tipos: el narcisismo primario de los primeros meses de la existencia y donde el niño dirige toda sus energias a la satisfacción de sus necesidades. Esta etapa está signada por la incapacidad del niño para reconocer al objeto, entendiendo por tal al mundo, las cosas y las personas que lo rodéan, es decir, el recién nacido es incapaz de reconocer un mundo distinto a sí mismo. Todo su erotismo y/o energía libidinal es auto dirigida, y el mundo exterior no existe.


En una fase ulterior, en el llamado narcisismo secundario, el niño reconoce los objetos, hay cosas que entran y salen de su cuerpo, objetos que le pueden proporcionar dolor o placer, por lo tanto existen para satisfacer las propias necesidades o, como lo frasearía un psicoanalista, la catexia (energia libidinal) va al objeto y de allí retorna al sujeto. El objeto existe en función de las necesidades del sujeto.


Desde el punto de vista de la psico-patología, la estructuración de una Personalidad Narcisística, implica una detención o fijación del desarrollo de la persona a etapas infantiles de profunda gratificación, o en una regresión del individuo a estos períodos, por su incapacidad para tolerar y enfrentar los retos y fracasos que la maduracion y la vida le imponen.


La Personalidad Narcisística se caracteriza por un patrón grandioso de vida, este se expresa en fantasías o modos de conducta que incapacitan al individuo para ver al otro, el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados. Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él o ella, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Hay en el Narcisista una inagotable sed de admiración y adulación, esta última lo incapacita para poder reflexionar e incluso pensar. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto a la teatralidad y reconocimiento de sus acciones, que en la eficacia y utilidad de las mismas. Su visión es el patrón al cual el mundo debe someterse. Es el Narciso una personalidad que, aún cuando pueda poseer una aguda inteligencia, esta se haya obnubilada por la visión grandiosa de sí mismo y por su hambre de reconocimiento. Vemos así como muchas personas que, pudiendo ser exitosas, productivas y creativas, someten su vida a adulantes mediocridades. Ellas, drogadas por su discurso auto-dirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar lo que el mundo objetal les grita.


En la otra cara de la moneda, la Personalidad Narcisística es, en sí misma, una forma de sobrevivencia. Hemos visto en el mito como Narciso es el producto de una acción terrible. La Personalidad Narcisística nace de una violencia, de un terrible trauma, de una herida inferida al individuo en sus primeras etapas del desarrollo o antes, cuando la herida es la madre y ella trasmite al hijo su resentimiento, su dolor, su rabia y su temor. Se refugia, el traumatizado, en su propia imagen de grandiosidad, ello le permite elevar su maltrecha auto-estima y sentirse un poco mejor consigo mismo. Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en la admiración y la adulancia de quienes lo circundan. He visto a hombres y mujeres brillantes caer en las más abyectas miserias, en alcohol o en drogas, para sostener su Ego herido.


Cuando el Narciso ejerce posiciones de poder, se rodéa de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella, y de otros, que le harán la corte solo en función de un interés mezquino.


El Narciso es una persona que puede ser muy exitoso, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantéa dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Así vemos como personas con una inteligencia mediocre y una cultura pobre, escalan posiciones sorprendentes, para ellos el recapacitar no existe. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética. Estos últimos logran capitalizar a una orda de Narcisistas Depresivos que creen, ingenuamente, en la verdad expresada por el pseudo-maestro. Ellos lo seguirán fielmente, no importa cuán errado esté:


"Sobre la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel pero importuno."


Escribe Miguel Hernández para retratar esta suerte de personalidad, siempre fiel, signada por la tristeza derrotada, que busca, con mas ahinco que éxito, alguien en quién creer, alguien en quien confiar el remedio a sus miserias. De estas melancólicas soledades esperanzadas se nutre el Narcisismo. La simbiosis se completa con la satisfacción a medias, con un hueco de hambre y sed, que nunca se llega a colmar.